MISIÓN: La Academia Puertorriqueña de la Lengua Española promueve el uso correcto, la conservación y el estudio del español en el contexto de la historia cultural del País, desde sus orígenes hasta sus más recientes manifestaciones, y representa internacionalmente a Puerto Rico ante las Academias hermanas.

La Academia Puertorriqueña de la Lengua Española es una institución privada y sin fines de lucro fundada en 1955, iniciativa de Samuel R. Quiñones y José A. Balseiro, durante la incumbencia de Luis Muñoz Marín como gobernador y Mariano Villaronga como secretario de Instrucción Pública.

Las primeras gestiones para su fundación se remontan, sin embargo, a 1915, fecha en que José De Diego había iniciado los trámites a favor de una Academia Antillana, con sede en San Juan. Este proyecto no prosperó, dejando libre el paso a las tres corporaciones autónomas que hoy existen: la Academia Cubana, fundada en 1926, la Dominicana, en 1927 y, años más tarde, la Puertorriqueña.

La primera Junta directora de la Academia Puertorriqueña quedó integrada por Samuel R. Quiñones, director, Antonio J. Colorado, secretario, y Salvador Tió Montes de Oca, tesorero. La Corporación quedó constituida por diez académicos fundadores y veinte electos. (Ver membresía original)

En 1956, la Academia Puertorriqueña se incorporó a la Asociación de Academias de la Lengua Española fundada en 1951, organismo encargado de la coordinación científica entre las 22 Academias, tanto las del mundo hispánico, como las de países donde el español es, o ha sido, idioma importante, como lo son Estados Unidos y Filipinas respectivamente.

La Real Academia Española (RAE), fundada en Madrid a principios del siglo XVIII, había iniciado la revisión científica del idioma y la construcción moderna de los grandes diccionarios del español. Para llevar a cabo esta empresa en beneficio del idioma común, necesitaba la ayuda de todos los países hispanoamericanos. A partir de 1870, la RAE expresa el deseo de que existieran Academias hermanas en todo el suelo americano. Las adhesiones no se hicieron esperar, iniciadas por Colombia, con la fundación de su Academia en 1871, y completadas con la Academia Norteamericana en 1973, con sede en Nueva York.

Hoy día, la Academia no se considera una "torre de marfil" ajena a la realidad socio-económica del mundo que vivimos, ni tampoco un parnaso o refugio de poetas y de escritores elegidos. Hoy la Academia es un lugar de trabajo riguroso, apto para hombres y mujeres que estén dispuestos a asumir la responsabilidad de servir a la cultura. Es un lugar abierto a la sociedad y comprometido con las necesidades de la lengua viva, en todas sus manifestaciones.

Publicación Semestral de la Academia

 

Revista Dilo

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